Transparencia

Hoy en día, la sociedad española está profundamente desencantada con la calidad de su democracia.

 

Desconfía de algunas de las instituciones, que perciben como poco transparentes y sujetas a relaciones clientelares.

 

Percibe a quienes les representan alejados de sus intereses y a los partidos políticos como organizaciones cerradas, impermeables a sus demandas o, peor, incapaces de dar respuesta a las mismas.  Y, sobre todo, ven con escándalo cómo los casos de corrupción asolan la vida pública.

 

Ante una situación cada vez más insostenible, la sociedad española exige cambios, exige una democracia adaptada a nuestras actuales aspiraciones de transparencia, cercanía, integridad y rendición de cuentas.

 

La democracia representativa se basa en la confianza. Y no hay arma más letal contra la confianza que la corrupción y la mentira.

 

Como es de sobra conocido, la actual situación es dramática. Se acumulan casos de enorme repercusión, que afectan principalmente al partido en el gobierno y las instituciones que controla, pero también al resto de los partidos.

 

La corrupción que más nos repugna es la que afecta a los que se llaman compañeros y compañeras que, con su actuación corrupta, nos mancillan. Por ello, en el nuevo PSOE surgido de nuestro Congreso Extraordinario, estas actuaciones están teniendo la respuesta más enérgica y más contundente, con independencia de a quién afecte; y así seguirá siendo en el futuro.

 

Entre otras cosas, porque tenemos la convicción de que solo desde la ejemplaridad podremos recuperar la credibilidad. La política debe dejar de prometer, y pasar a la acción, haciendo propuestas realizables.

 

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